Blair nunca pensó en él. Rune sí.

Años atrás lo marcó un instinto que no entendía y que jamás consiguio apagar.  Ahora vuelve convertido en un hombre inquietantemente fisico, atento y visceral, alguien que reacciona antes de pensar y fija su presencia como si fuera invevitable.

Ella quiere mantener las distancias. Él no sabe hacerlo. Y cada vez que Rune mira, algo en su cuerpo responde como si lo recordara desde antes del deseo.
No es un reencuentro. Es un ciclo que despierta.

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